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​¿Cómo trabajamos?

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El hecho de trabajar en un hogar y con un máximo de cuatro niños es una de las grandes y fundamentales diferencias evidentes de nuestro trabajo, pero no la más importante.

​Lo más importante y profundamente revolucionario en nuestra forma de trabajar es aquello que no se ve, aquello más sutil, esto es, nuestra disposición ante el acontecer diario, siempre atenta, siempre flexible, siempre tierna, siempre veraz, un abrazo que arropa pero no asfixia la voluntad del niño, una voz que alienta pero no exige, una mirada llena de asombro y complicidad, un tiempo sin tiempo, un espacio que permite, sin intenciones, con total confianza; un verdadero hogar.​

​Un hogar donde los niños puedan tomarse el tiempo suficiente para sus importantes quehaceres diarios: correr todo lo que necesiten, subir una y otra vez ese peldaño del portal, tiempo para estar inquietos, para cambiar un pañal, para que ocurra la percepción mágica en la que una caja de fruta se convierte en un coche de carreras en el que subirse y ser empujado, o en un barco pirata, tiempo para comer y ser nutridos sin tener que oír frases como “venga come”, “venga corre”, “venga traga”… Un tiempo con un ritmo vivo y flexible, no así una estructura de horarios fijos inamovibles.

​Un hogar donde el juego libre es la actividad más importante y donde ante un mundo lleno de objetos elaboradísimos y de hiperestimulación de los sentidos, las madres de día proponemos una estimulación normal de una realidad cuidada y protegida para el paulatino despertar de los sentidos a través de la naturaleza con sus cambios de clima y estación, con muy pocos juguetes e inacabados para que los niños les den el uso que necesiten en cada momento.

Alejados de la hiperestimulación los propios niños son los protagonistas de sus juegos, de su desarrollo y de su evolución. Así que son los niños quienes se proponen a sí mismos sus propios juegos. Nadie mejor que ellos sabe qué necesitan en cada momento. Las madres de día estamos atentas, despiertas y en una actitud de respetuosa observación para favorecer y procurar lo necesario en esta importantísima labor que es jugar, alimentarse, masticar, tragar, habituarse a un cuerpo en continuo cambio, el emerger de los dientes, voltearse, arrastrarse, gatear… conseguir la verticalidad, caminar, caerse una y otra vez, balbucear, hablar, comunicarse…

​Nuestra labor como madres de día es atender todo este devenir de vida con sumo respeto y cuidado, estableciendo vínculos amorosos y sanos con cada ser humano que viene a nuestros brazos.